viernes, 12 de enero de 2018

¡MONSEÑOR LINO PANIZZA Y EL PAPA FRANCISCO!

Da gusto ver al Papa Francisco sonreír a más no poder con sus obispos. ¡Cómo se multiplica para recibirles uno a uno o en grupo por países! Con sus momentos de seriedad, pero siempre con la chispa del padre de familia.

 

Un buen amigo, Mons. Juan Carlos Elizalde, obispo de Vitoria, me contaba que el momento de la Audiencia fue muy emocionante. No le conocía personalmente y al presentarse como el Obispo electo de Vitoria, el Papa, muy sonriente y bromista, le dijo que le encomendaría mucho, que la gente de Vitoria es muy buena gente y que con ellos compartirá su alegría.  Cuando le presentó a su madre y comentarle que iba a vivir con él, le dijo: "Cuídele bien que estos obispos jóvenes no se cuidan". Al día siguiente al final de la Eucaristía en Santa Marta, presidida por él, le despidió con un abrazo y le volvió a decir que encomendaría a toda la Diócesis. El Papa Francisco, cuando le saludó en la Plaza de San Pedro con ocasión de su nombramiento, le dijo que "los pastores tenemos que levantar el ánimo de nuestras comunidades".

 

Este domingo 14 de enero cumple 74 años, Monseñor Lino Panizza, obispo de Carabayllo, fundador y gran canciller de la Universidad Católica Sedes Sapientiae. Al felicitarle, quiero agradecerle la acogida hacia mi persona de esta Casa de Estudios, UCSS, así como su compromiso decidido con el Patrimonio del Perú, a través del CEPAC (Centro del Patrimonio Cultural).

Su ejemplo de gozosa evangelización en las periferias de la juventud, el patrimonio cultural, el desarrollo solidario, la familia, el sacerdocio y la vida consagrada, en comunión y misión, constituye la mejor preparación para recibir al Papa Francisco.

 

Rescato, por último, el bello gesto de Francisco hacia Monseñor Lino. Dentro de las actividades de la Visita Ad Limina (mayo 2017), resaltó el espíritu solidario del Vicario de Cristo en la tierra con sus obispos. Cuando uno de ellos, Monseñor Lino Panizza, acompañado de dos sacerdotes de su diócesis de Carabayllo, se dirigía a su reunión con el Pontífice, apareció el vehículo que llevaba al Papa Francisco, y al notar que caminaba apoyado por un bastón, el Santo Padre hizo detener el vehículo que lo trasladaba e hizo subir a su carro a él y a sus acompañantes. Al preguntarle por los jóvenes clérigos e indicarle Monseñor Lino que estaban estudiando en Roma, el Papa bromeó sonriente "eso dicen, que estudian", y siguieron conversando familiarmente. Al culminar la reunión, el Papa Francisco pidió al chofer que trasladase a Monseñor Lino Panizza y a Monseñor Sebastián Ramis, Obispo Prelado de Huamachuco (quien también se encontraba mal de la rodilla) hasta la casa donde se encontraban alojados (el Domus Romana Sacerdotalis).

 

http://peru-cristiano.blogspot.pe/2017/05/los-obispos-del-peru-con-el-papa.html


FOTOS:
En la Visita ad limina, Mayo 2017
CEPAC. Al salir de la iglesia del Buen Pastor
CEPAC. Condecorando al P. Armando Nieto, SJ
En su capilla
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jueves, 4 de enero de 2018

PAPA FRANCISCO DESTACA LA GRANDEZA DE LOS SANTOS PERUANOS COMO FORJADORES DE LATINOAMÉRICA

Queridos hermanos y hermanas peruanos:

Dentro de poco los visitaré, tengo muchas ganas de ir, ustedes son un pueblo de mucha reserva.

Y la reserva más linda que puede tener un pueblo es la reserva de los santos, ustedes tienen tantos santos y grandes santos que marcaron Latinoamérica.

Los santos hicieron la construcción de la Iglesia, es decir de la dispersión a la unidad, un santo siempre trabaja en esa línea, de lo que está disperso a la unidad, que es lo que hizo Jesús.

Un cristiano tiene que seguir ese camino y por qué no un peruano con tantos santos peruanos, trabajar por la unidad, quien trabaja por la unidad mira adelante y adelante se puede mirar con escepticismo, con amargura, un cristiano no puede, un cristiano mira adelante con esperanza, porque espera lograr eso que el Señor le prometió.

Nos veremos pronto, pero mientras tanto: Unidad y esperanza, trabajen en eso. Rezo por ustedes, ustedes háganlo por mí

(Papa Francisco, 2017)

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lunes, 1 de enero de 2018

JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ 2018 . Migrantes y refugiados: hombres y mujeres que buscan la paz

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA CELEBRACIÓN DE LA 
51 JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ

1 DE ENERO DE 2018

Migrantes y refugiados: hombres y mujeres que buscan la paz

1. Un deseo de paz Paz a todas las personas y a todas las naciones de la tierra. La paz, que los ángeles anunciaron a los pastores en la noche de Navidad[1], es una aspiración profunda de todas las personas y de todos los pueblos, especialmente de aquellos que más sufren por su ausencia, y a los que tengo presentes en mi recuerdo y en mi oración. De entre ellos quisiera recordar a los más de 250 millones de migrantes en el mundo, de los que 22 millones y medio son refugiados. Estos últimos, como afirmó mi querido predecesor Benedicto XVI, «son hombres y mujeres, niños, jóvenes y ancianos que buscan un lugar donde vivir en paz»[2]. Para encontrarlo, muchos de ellos están dispuestos a arriesgar sus vidas a través de un viaje que, en la mayoría de los casos, es largo y peligroso; están dispuestos a soportar el cansancio y el sufrimiento, a afrontar las alambradas y los muros que se alzan para alejarlos de su destino. Con espíritu de misericordia, abrazamos a todos los que huyen de la guerra y del hambre, o que se ven obligados a abandonar su tierra a causa de la discriminación, la persecución, la pobreza y la degradación ambiental.

Somos conscientes de que no es suficiente sentir en nuestro corazón el sufrimiento de los demás. Habrá que trabajar mucho antes de que nuestros hermanos y hermanas puedan empezar de nuevo a vivir en paz, en un hogar seguro. Acoger al otro exige un compromiso concreto, una cadena de ayuda y de generosidad, una atención vigilante y comprensiva, la gestión responsable de nuevas y complejas situaciones que, en ocasiones, se añaden a los numerosos problemas ya existentes, así como a unos recursos que siempre son limitados. El ejercicio de la virtud de la prudencia es necesaria para que los gobernantes sepan acoger, promover, proteger e integrar, estableciendo medidas prácticas que, «respetando el recto orden de los valores, ofrezcan al ciudadano la prosperidad material y al mismo tiempo los bienes del espíritu»[3]. Tienen una responsabilidad concreta con respecto a sus comunidades, a las que deben garantizar los derechos que les corresponden en justicia y un desarrollo armónico, para no ser como el constructor necio que hizo mal sus cálculos y no consiguió terminar la torre que había comenzado a construir[4].

2. ¿Por qué hay tantos refugiados y migrantes?

Ante el Gran Jubileo por los 2000 años del anuncio de paz de los ángeles en Belén, san Juan Pablo II incluyó el número creciente de desplazados entre las consecuencias de «una interminable y horrenda serie de guerras, conflictos, genocidios, "limpiezas étnicas"»[5], que habían marcado el siglo XX. En el nuevo siglo no se ha producido aún un cambio profundo de sentido: los conflictos armados y otras formas de violencia organizada siguen provocando el desplazamiento de la población dentro y fuera de las fronteras nacionales. Pero las personas también migran por otras razones, ante todo por «el anhelo de una vida mejor, a lo que se une en muchas ocasiones el deseo de querer dejar atrás la "desesperación" de un futuro imposible de construir»[6]. Se ponen en camino para reunirse con sus familias, para encontrar mejores oportunidades de trabajo o de educación: quien no puede disfrutar de estos derechos, no puede vivir en paz. Además, como he subrayado en la Encíclica Laudato si', «es trágico el aumento de los migrantes huyendo de la miseria empeorada por la degradación ambiental»[7]. La mayoría emigra siguiendo un procedimiento regulado, mientras que otros se ven forzados a tomar otras vías, sobre todo a causa de la desesperación, cuando su patria no les ofrece seguridad y oportunidades, y toda vía legal parece imposible, bloqueada o demasiado lenta.

En muchos países de destino se ha difundido ampliamente una retórica que enfatiza los riesgos para la seguridad nacional o el coste de la acogida de los que llegan, despreciando así la dignidad humana que se les ha de reconocer a todos, en cuanto que son hijos e hijas de Dios. Los que fomentan el miedo hacia los migrantes, en ocasiones con fines políticos, en lugar de construir la paz siembran violencia, discriminación racial y xenofobia, que son fuente de gran preocupación para todos aquellos que se toman en serio la protección de cada ser humano[8]. Todos los datos de que dispone la comunidad internacional indican que las migraciones globales seguirán marcando nuestro futuro. Algunos las consideran una amenaza. Os invito, al contrario, a contemplarlas con una mirada llena de confianza, como una oportunidad para construir un futuro de paz.

3. Una mirada contemplativa La sabiduría de la fe alimenta esta mirada, capaz de reconocer que todos, «tanto emigrantes como poblaciones locales que los acogen, forman parte de una sola familia, y todos tienen el mismo derecho a gozar de los bienes de la tierra, cuya destinación es universal, como enseña la doctrina social de la Iglesia. Aquí encuentran fundamento la solidaridad y el compartir»[9]. Estas palabras nos remiten a la imagen de la nueva Jerusalén. El libro del profeta Isaías (cap. 60) y el Apocalipsis (cap. 21) la describen como una ciudad con las puertas siempre abiertas, para dejar entrar a personas de todas las naciones, que la admiran y la colman de riquezas. La paz es el gobernante que la guía y la justicia el principio que rige la convivencia entre todos dentro de ella.

Necesitamos ver también la ciudad donde vivimos con esta mirada contemplativa, «esto es, una mirada de fe que descubra al Dios que habita en sus hogares, en sus calles, en sus plazas [promoviendo] la solidaridad, la fraternidad, el deseo de bien, de verdad, de justicia»[10]; en otras palabras, realizando la promesa de la paz. Observando a los migrantes y a los refugiados, esta mirada sabe descubrir que no llegan con las manos vacías: traen consigo la riqueza de su valentía, su capacidad, sus energías y sus aspiraciones, y por supuesto los tesoros de su propia cultura, enriqueciendo así la vida de las naciones que los acogen. Esta mirada sabe también descubrir la creatividad, la tenacidad y el espíritu de sacrificio de incontables personas, familias y comunidades que, en todos los rincones del mundo, abren sus puertas y sus corazones a los migrantes y refugiados, incluso cuando los recursos no son abundantes.

Por último, esta mirada contemplativa sabe guiar el discernimiento de los responsables del bien público, con el fin de impulsar las políticas de acogida al máximo de lo que «permita el verdadero bien de su comunidad»[11], es decir, teniendo en cuenta las exigencias de todos los miembros de la única familia humana y del bien de cada uno de ellos.

Quienes se dejan guiar por esta mirada serán capaces de reconocer los renuevos de paz que están ya brotando y de favorecer su crecimiento. Transformarán en talleres de paz nuestras ciudades, a menudo divididas y polarizadas por conflictos que están relacionados precisamente con la presencia de migrantes y refugiados.

4. Cuatro piedras angulares para la acción Para ofrecer a los solicitantes de asilo, a los refugiados, a los inmigrantes y a las víctimas de la trata de seres humanos una posibilidad de encontrar la paz que buscan, se requiere una estrategia que conjugue cuatro acciones: acoger, proteger, promover e integrar[12]. «Acoger» recuerda la exigencia de ampliar las posibilidades de entrada legal, no expulsar a los desplazados y a los inmigrantes a lugares donde les espera la persecución y la violencia, y equilibrar la preocupación por la seguridad nacional con la protección de los derechos humanos fundamentales. La Escritura nos recuerda: «No olvidéis la hospitalidad; por ella algunos, sin saberlo, hospedaron a ángeles»[13].

«Proteger» nos recuerda el deber de reconocer y de garantizar la dignidad inviolable de los que huyen de un peligro real en busca de asilo y seguridad, evitando su explotación. En particular, pienso en las mujeres y en los niños expuestos a situaciones de riesgo y de abusos que llegan a convertirles en esclavos. Dios no hace discriminación: «El Señor guarda a los peregrinos, sustenta al huérfano y a la viuda»[14].

 «Promover» tiene que ver con apoyar el desarrollo humano integral de los migrantes y refugiados. Entre los muchos instrumentos que pueden ayudar a esta tarea, deseo subrayar la importancia que tiene el garantizar a los niños y a los jóvenes el acceso a todos los niveles de educación: de esta manera, no sólo podrán cultivar y sacar el máximo provecho de sus capacidades, sino que también estarán más preparados para salir al encuentro del otro, cultivando un espíritu de diálogo en vez de clausura y enfrentamiento. La Biblia nos enseña que Dios «ama al emigrante, dándole pan y vestido»; por eso nos exhorta: «Amaréis al emigrante, porque emigrantes fuisteis en Egipto»[15].

Por último, «integrar» significa trabajar para que los refugiados y los migrantes participen plenamente en la vida de la sociedad que les acoge, en una dinámica de enriquecimiento mutuo y de colaboración fecunda, promoviendo el desarrollo humano integral de las comunidades locales. Como escribe san Pablo: «Así pues, ya no sois extraños ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y familiares de Dios»[16].

 

5. Una propuesta para dos Pactos internacionales

Deseo de todo corazón que este espíritu anime el proceso que, durante todo el año 2018, llevará a la definición y aprobación por parte de las Naciones Unidas de dos pactos mundiales: uno, para una migración segura, ordenada y regulada, y otro, sobre refugiados. En cuanto acuerdos adoptados a nivel mundial, estos pactos constituirán un marco de referencia para desarrollar propuestas políticas y poner en práctica medidas concretas. Por esta razón, es importante que estén inspirados por la compasión, la visión de futuro y la valentía, con el fin de aprovechar cualquier ocasión que permita avanzar en la construcción de la paz: sólo así el necesario realismo de la política internacional no se verá derrotado por el cinismo y la globalización de la indiferencia.

El diálogo y la coordinación constituyen, en efecto, una necesidad y un deber específicos de la comunidad internacional. Más allá de las fronteras nacionales, es posible que países menos ricos puedan acoger a un mayor número de refugiados, o acogerles mejor, si la cooperación internacional les garantiza la disponibilidad de los fondos necesarios.

La Sección para los Migrantes y Refugiados del Dicasterio para la Promoción del Desarrollo Humano Integral sugiere 20 puntos de acción[17] como pistas concretas para la aplicación de estos cuatro verbos en las políticas públicas, además de la actitud y la acción de las comunidades cristianas. Estas y otras aportaciones pretenden manifestar el interés de la Iglesia católica al proceso que llevará a la adopción de los pactos mundiales de las Naciones Unidas. Este interés confirma una solicitud pastoral más general, que nace con la Iglesia y continúa hasta nuestros días a través de sus múltiples actividades.

6. Por nuestra casa común

Las palabras de san Juan Pablo II nos alientan: «Si son muchos los que comparten el "sueño" de un mundo en paz, y si se valora la aportación de los migrantes y los refugiados, la humanidad puede transformarse cada vez más en familia de todos, y nuestra tierra verdaderamente en "casa común"»[18]. A lo largo de la historia, muchos han creído en este «sueño» y los que lo han realizado dan testimonio de que no se trata de una utopía irrealizable.

Entre ellos, hay que mencionar a santa Francisca Javier Cabrini, cuyo centenario de nacimiento para el cielo celebramos este año 2017. Hoy, 13 de noviembre, numerosas comunidades eclesiales celebran su memoria. Esta pequeña gran mujer, que consagró su vida al servicio de los migrantes, convirtiéndose más tarde en su patrona celeste, nos enseña cómo debemos acoger, proteger, promover e integrar a nuestros hermanos y hermanas. Que por su intercesión, el Señor nos conceda a todos experimentar que los «frutos de justicia se siembran en la paz para quienes trabajan por la paz»[19].

Vaticano, 13 de noviembre de 2017.Memoria de Santa Francisca Javier Cabrini, Patrona de los migrantes.

Francisco

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viernes, 29 de diciembre de 2017

Entrevista a Carmen González Huguet, Premio Fernando Rielo de Poesía Mística 2017

Entrevista a Carmen González Huguet, Premio Fernando Rielo de Poesía Mística 2017

Carmen González Huguet © Fundación Fernando Rielo

Carmen González Huguet © Fundación Fernando Rielo

La poesía puede ser actual, moderna, comprensible y profunda al mismo tiempo: es un ilustre testimonio de la poetisa y profesora Carmen González Huguet, recientemente premiada con el 37º Premio Mundial Rielo de Poesía Mística por su colección de noventa sonetos "El alma herida".

En una entrevista con ZENIT, la artista salvadoreña habló sobre su pasión por los sonetos, su fe, su vida y la situación en El Salvador.

El 11 de diciembre de 2017 recibió el 37º Premio Mundial Fernando Rielo de Poesía Mística en la Embajada de España ante la Santa Sede. ¿Es su primera estancia en Roma?

Sí, estoy en Roma por primera vez. La ciudad es bellísima. Me impresionó mucho la Basílica de San Pietro, la plaza de San Pietro y no puedo esperar para visitar los Museos del Vaticano.

¿La fe juega un papel importante en su vida y en sus obras?

Absolutamente. Crecí en una familia católica creyente y practicante. Fui educada según los valores cristianos. Esta educación ha influido mucho en mi vida y mi trabajo. Desde que comencé a escribir elegí poesía, o más bien poesía mística, diálogo con Dios; en particular, me apasiona el soneto.

¿Por qué elegiste una forma tan tradicional?

El soneto tiene una gran tradición en El Salvador, mi país de origen. Quería seguir la tradición de esta forma porque me permite expresarme de una manera sintética y breve.

Del jurado, su trabajo ha sido definido como técnicamente perfecto y al mismo tiempo muy moderno. ¿Cómo es posible respetar la forma tradicional y hacer que los sonetos sean una obra contemporánea?

La forma tradicional del soneto no impide el uso del lenguaje moderno y contemporáneo. De hecho, es muy importante para mí que la poesía sea comprensible para todos; por esta razón, siempre elijo un lenguaje claro y simple. La forma tradicional del soneto no impide el uso del lenguaje moderno y contemporáneo. Antes de escribir, leo en las Sagradas Escrituras, después de meditar en el pasaje o en el Salmo leído, decido el 'Leitmotiv' y finalmente empiezo a escribir.Así nacieron los noventa sonetos recogidos en el libro "El alma herida".

No solo consigue un lenguaje comprensible, sino también la descripción detallada del estado de ánimo. ¿La descripción de la ansiedad, la soledad y otras perturbaciones se basa en experiencias autobiográficas?

De toda la vida sufro de insomnio y entonces me pongo a escribir. En mis sonetos describo no solo mis preocupaciones, pero también me refiero a la situación tan difícil en El Salvador. La población enfrenta grandes problemas, violencia y supera las heridas causadas por doce años de guerra civil.

El jurado señaló el mensaje de esperanza, fe y alegría en sus sonetos. ¿Son sus sonetos un instrumento de apoyo y consuelo?

Cada uno de nosotros necesita apoyo y consuelo en tiempos difíciles, en soledad, depresión o tristeza. Pero siempre debemos tener en cuenta que nunca somos abandonados porque el amor del Señor es infinito e incondicional. Él está siempre con nosotros. A menudo no tenemos suficiente confianza en nosotros mismos. Precisamente esto, el amor infinito del Señor, y la esperanza son el mensaje principal de mis poemas.

¿Hay alguna razón especial para su sensibilidad especial al sufrimiento?

Hace doce años morí, y solo después de dos horas de reanimación volví a la vida. He reflexionado mucho sobre el incidente y creo que hay una razón para mi supervivencia. Me había preparado para morir, sufría de un problema cardíaco. Habrá una razón por la cual Dios me permitió volver a la vida.

¿Esta experiencia marcó tu forma de vivir y trabajar?

Sí, me di cuenta de que mi tiempo es limitado. Por lo tanto, siguiendo el lema "carpe diem" trato de vivir el presente profundamente. En mis relaciones familiares, amigos, en mis afectos y sentimientos no los pospongo, me expreso inmediatamente y me comprometo a dar lo mejor de mí siempre. Esto vale también para mi trabajo.

No es de extrañar que el Cardenal Octavio Ruiz Arenas, Secretario del Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización, han apreciado mucho su trabajo definido por el propio cardenal como una excelente herramienta para la evangelización. ¿Sus sonetos serán editados y difundidos por todo el mundo?

En América del Sur, la situación es difícil, marcada por una crisis grave; hay pocos editores y una red para promover publicaciones está ausente. Solo porque gané el premio, mis sonetos se publicarán en todos los países de habla hispana. El Premio Mundial de Poesía Mística Fernando Rielo es muy importante para nosotros, los escritores, porque ofrece una plataforma para promover la poesía mística y no solo para escritores establecidos, sino también para poetas y poetisas desconocidos. Además, el premio no solo es accesible para los cristianos. El premio es una contribución importante al diálogo eterno e interreligioso porque el arte es un lenguaje universal y puede actuar como un puente entre diversas culturas y religiones.

Dada la difícil situación en su país de origen, ¿la fe es importante para la población?

Absolutamente, la religión es un refugio para la gente de El Salvador. La oración se convierte en un grito de angustia. En El Salvador, la población es muy religiosa y la fe es un elemento constitutivo de su identidad. La mayoría son católicos, y un tercio de la población son protestantes.

¿Qué piensa la población de El Salvador del Papa Francisco?

El Papa Francisco es "uno de nosotros". Para nosotros es muy importante tener un Papa de origen sudamericano. Vemos al Papa Francisco como una persona cercana a nosotros, cálida y muy ingeniosa. Apreciamos mucho su manera tan directa y fuerte. Vemos que Él tiene una relación cercana con Dios. El Papa Francisco hace que cada uno de nosotros se sienta importante; él nos cuida como un padre.

*

Para ilustrar mejor la obra de Carmen González Huguet, publicamos uno de los sonetos tomados de la colección "El alma herida":

Qué soledad de ti si estás dormido.
Qué silencio en la noche pavoroso.
Yo me asomo al abismo misterioso
donde no hay luz, ni nombre, ni sonido.

Y no te encuentro, Dios. Pero en mi oído 
me nombras y me llamas, silencioso,
y en todas tus criaturas, melodioso,
oigo tu canto del amor nacido.

Levántame del fondo del fracaso.
Anda conmigo en medio de la gente
hasta la triste hora del ocaso.

Llévame, río, de tu oscura fuente
a descansar contigo, paso a paso,
dulce, profunda, apasionadamente.

Espérame a la orilla de la tarde,
divino Amor, en esta cita ciega.
La lluvia envuelta en niebla fina llega
y se oculta en la ausencia el sol cobarde

No me pidas, Amigo, que te aguarde
bajo este cielo que mi cuerpo anega.
¿Diluye acaso el fuego de la entrega
aquel que al centro del incendio arde?

Te espero aquí, Señor, siempre te espero.
Mas cuanto tardas. La emoción cautiva
mi pobre corazón de amor herido.

Los años pasan. De esperar me muero.
Llévame ya, Señor, contigo arriba,
y acógeme en tu cielo prometido.

[Texto original: italiano] Traducción de Rosa Die Alcolea 

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