viernes, 2 de junio de 2017

ERES MADRE MUY SENCILLA…por las calles de la Villa de Rollán

ERES MADRE MUY SENCILLA…por las calles de la Villa de Rollán

Entre los mil y un detalles de devoción popular se encuentra el de las imágenes o capillas peregrinas domiciliarias. Varios vecinos o devotos consiguen una imagen que va visitando el domicilio de cada hogar generalmente una vez al mes. Al llegar a la casa la familia recibe la imagen –en este caso la Virgen de Fátima- con una oración o un canto y procura que a lo largo del día como cuando uno recibe un huésped que diría san Benito lo trata como si del mismo Cristo se tratase, con el mayor cariño. Se suele colocar en el lugar más noble de la casa y preside las acciones cotidianas de la familia, bendiciéndolas con su presencia.

Considero una gracia que al volver a casa después de tanto tiempo tuviese el honor de ser visitado por la imagen peregrina. Como hacía falta arreglarla por un desperfecto me acerqué al carpintero del pueblo, Jose (así sin acento lo pronunciamos), que por su sencillez y profundidad se parece tanto  a san José. Conversamos un poquito al tiempo que fue arreglando la cajita de las limosnas y lo dejaba cien por cien operativa. "¿Y qué te doy?". "Pues, nada, ven cuando lo necesites y ¡encantado! de hacer algo por la Virgen". Yo le llevé mi recuerdito de imagen luminosa de Fátima y agradecí su detalle. Eran las 9 de la mañana, Rollán, mi pueblo iba despertando como cada mañana de primavera. El sol besaba sus casas, alumbraba los campos, doraba las mieses. Yo portaba la imagencita tan contento, solo, por las calles que tantas veces había transitado, por las que había jugado, correteado. Recordaba a Francisco, el santo de Asís, restaurando el Cristo y la iglesia de san Damián, y sentía que en el detalle tan insignificante, diminuto, de evitar que se apolillase la imagen de María estaba mi aporte a las grandes demandas de la Nueva Evangelización en un mundo que se seculariza y globaliza a un tiempo. Soledad y solidaridad, con mi imagencita en esta procesión solitaria en la que sólo se escuchaba la salmodia juguetona de los pardales o gorriones.

Rezamos la oración de despedida a María y la llevé feliz al hogar correspondiente que contento abrió las puertas para gozarse con huésped misionero tan esperado y querido.

Yo volví a mi casa balbuciendo una canción "eres Madre muy sencilla, criatura del Señor…yo quiero ser arcilla entre tus manos, vasija de tu amor"

José Antonio Benito


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